El Síndrome del Impostor es lo peor que le puede pasar a un-a profesional; la presión por no haberlo hecho antes o por cumplir con tiempos exigentes, puede inducir que duden de su potencialidad y sientan un miedo persistente perder reputación profesional, o a ser apartados e incluso despedidos.
Y no es que haya que evitarlo uno mismo, si no que los managers tienen que detectarlo y gestionarlo en sus colaboradores. El precio de una selección, de la búsqueda de talento, es altísimo, tanto en dinero como en tiempo. Vale la pena invertir en un entorno de apoyo mediante mentoría y coaching, para que el equipo fortalezca la confianza.
Un-a mentor-a, experto en la tecnología y posición del colaborador-a, puede:
Trabajar el DAFO personal de los colaboradores
Asesorar técnicamente para la resolución de problemas
Completar la formación que hayan recibido los colaboradores
Inducir a habilidades no innatas
Pero sobre todo, el-la mentor-a va a GUIAR, tanto a los profesionales como a la organización, para que cada equipo humano viaje hacia la excelencia y la eficiencia
